Con el correr de los años Pedro Luis Raota desarrolló un estilo muy propio y personal. Sus fotografías, con fuentes acentos de luz resaltando sobre un fondo oscuro,
ha llegado a ser prácticamente, su marca registrada. Cualquier observador que tenga
contacto diario con material fotográfico, y aún los no expertos en la materia, pueden
reconocer al primer golpe de vista la grafía de este maestro.
Nos encontramos aquí con unos de esos seres privilegiados que son capaces de hacer
las cosas que realmente gustan y transformarlas además en un medio de vida productivo
y satisfactorio. Las obras representativas de este fotógrafo Sudamericano demuestran
qué puede hacerse con una cámara y una película si son usadas como medio creativo y
no meramente como un fin en sí mismas. Fotos que no necesitan comentarios
adicionales. Su fuerza de expresión desafía cualquier intento de manifestación verbal. Y quienes las han visto, las califican como genuinas obras de arte.
Pedro Luis Raota nació el 26 de Abril de 1934 en la Provincia de El Chaco. Sus
padres, granjeros, no esperaban otra cosa de él que una continuidad en el trabajo de la
tierra. Cuando aún era muy joven ya sus ambiciones iban mas allá de la agricultura por lo
que salió de su pueblo natal a descubrir el mundo. Se muda a la ciudad de Santa Fe de la
Veracruz que fue la primera parada en su largo viaje. En ese lugar adquiere las primeras
nociones de fotografía y su destino queda echado cuando decide vender su bicicleta para
adquirir una cámara fotográfica. Y es así como comienza a ganarse la vida : haciendo
fotos de carnet.
Su segunda parada es en la ciudad de Villaguay, Entre Ríos, donde hace el servicio
militar. En sus ratos libres acompaña al fotógrafo de la compañía ayudándolo o
aprendiendo. Luego del año de servicio quedarse en esa ciudad que finalmente resultó ser la puerta para el suceso. Pone un estudio fotográfico y comienza a trabajar
intensivamente. Al principio no ganaba mucho y los días en que el dinero alcanzaba eran los menos. Pero una vez impulsado por el deseo de progresar ya nada podía hacerlo
parar.
Es en Villaguay donde logra sus primeros premios los que lo incentivan a mostrar
sus mejores fotos a un conocido fotógrafo del lugar. Este le aconseja adversamente dejar
la fotografía artística y dedicarse a otra cosa. Sin embargo, convencido se su valor, lleva
estas mismas fotografías a Buenos Aires donde, luego de algunos días, es invitado a
exhibirlas en la apertura de una exposición. este fue el impulso necesario para enviar sus
fotos a cuanta exposición nacional e internacional que podía. Viaja por el país con su Cámara a cuestas observando y aprendiendo siempre para luego mostrar su creativa y ya
particular interpretación de la vida en su alrededor.
A pesar de su repentina desaparición física El 4 de marzo de 1986 hoy en día sigue considerándoselo uno de los diez mejores fotógrafos del mundo y, aún
teniendo en su haber incontables premios otorgados por jurados de los cinco
continente, su arte y creación continúan sorprendiendo por su amor, realismo o
crudeza. Raota es, por sobre todas lasa cosas, un hombre sensible que sabe
crear imágenes, plenas de patetismo o de ternura, de desbordante alegría o de
demoledora impotencia y que supo forjar un lenguaje fotográfico de infinita
claridad conceptual. Un arte que trasmite el rasgo más destacado de su creador:
su honda e ilimitada humanidad que contribuye a rescatar las vivencias
comunes a todos los seres humanos. A través de la lente. A través del alma.
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